CORPUS CHRISTI 2.005
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El pasado día 13 de junio, tuvo lugar en Córdoba la celebración del Corpus Christi. Aquí recogemos la crónica de dicha celebración, así como el reportaje fotográfico que elaboramos sobre el mismo. |
EL CORPUS 2.005 EN LA PRENSA
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DIARIO CÓRDOBA |
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La
custodia llega a la plaza de Las Tendillas para el acto central de la
procesión. |
MENSAJE
EN LA PROCESION DEL CORPUS CHRISTI El respeto a la familia "fundada en el
verdadero matrimonio", la solidaridad con "los inmigrantes que
llegan a nosotros buscando pan, trabajo y un futuro mejor" y el
alejamiento definitivo del "azote del terrorismo" fueron las
peticiones principales del mensaje pronunciado por el obispo de Córdoba
en la plaza de Las Tendillas, dentro del acto central de la procesión del
Corpus Christi que se celebró ayer en nuestra capital. Inmediatamente después de la alocución,
el prelado impartió la bendición a los asistentes antes de iniciarse el
cortejo de regreso. El altar de las Tendillas estaba ocupado, por primera
vez, por el grupo escultórico de la Sagrada Cena, cedido por la cofradía
de Poniente. SIN JUNCIA NI ROMERO La procesión de la
Custodia alcanzó una solemnidad y acompañamiento considerablemente
superiores a los de los últimos años, aunque faltaron componentes tan
tradicionales como la juncia y el romero en el recorrido de la comitiva
eucarística. Tras la banda de cornetas y tambores de la
hermandad de la Merced, abría el cortejo la cruz procesional de Arfe, a
juego con la estética de la Custodia. Niños de primera comunión,
hermandades de gloria, penitencia y sacramentales --la de la Sagrada Cena
estaba representada por más de cien cofrades--, Adoración Nocturna,
religiosas, seminaristas, clero diocesano y capitular, Agrupación de
Cofradías y una reducida representación municipal precedían al paso, en
el que rosas blancas simbolizaban la pureza sacramental. La banda ecijana
del Cristo del Confalón interpretaba marchas procesionales eucarísticas,
y al final del cortejo, soldados de la Brigada de Cerro Muriano escoltaban
la Custodia. Antonio Varo
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DIARIO ABC |
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CORPUS ENTRE MULTITUD
Sonaron las campanas y, de repente, la ciudad
mostró su raíz cristiana más honda y fecunda. Ya no había mezquita ni
alminar, ya no había letras en árabe en las camisetas de recuerdos
vulgares. Reencontrándose con la fe que da sentido, identidad y
trascendencia a la ciudad desde 1236, los cordobeses se encaminaron hacia
su Catedral, llamados por los sones que anunciaban la presencia de Cristo.
Era el año de la Eucaristía y la Iglesia había pedido a los fieles que
se volcaran. Los cristianos cordobeses no decepcionaron y brindaron una de
las procesiones del Corpus Christi más multitudinarias que se recuerdan. En
el día en que Jesús Sacramentado abandona la intimidad del templo para
manifestarse a la luz del día, las calles de Córdoba se hicieron un
sagrario de belleza y devoción para recibir al Santísimo. Todo eran
cuidados y detalles en los siete altares que otras tantas cofradías
pusieron en el camino por dónde había de pasar el Señor. Los
altares El
relicario de los Mártires y el sagrario de plata de la Misericordia; la
Inmaculada, el Niño Jesús y la suntuosa escenografía del Santo
Sepulcro; la densa simbología de Ánimas; la mesa con aires de Monumento
de Jueves Santo del Carmen en Santa Ana o la Divina Pastora instalada por
la Sentencia en la calle Blanco Belmonte fueron las dignas ofrendas que
las hermandades dispusieron al paso de la custodia. Llegaba
Su Divina Majestad tras un largo cortejo de fieles laicos, seminaristas,
religiosas y sacerdotes. Se echó en falta la tradicional alfombra de
romero y flores aromáticas que cada año se extiende al paso de la
procesión Eucarística, pero todo estaba de sobra cuando aparecía la
Custodia. Si las calles se tornaban en sagrario para acoger al Señor, éste
se mostraba en esa suerte de torre de Catedral gótica que para Él cinceló
Enrique de Arfe. A sus pies, magnolias y rosas blancas. Una
gran multitud le rodeaba en su camino, sin cesar de entoncar cánticos de
carácter sacramental. Por la estrechez de Conde y Luque avanzaba el Santísimo.
La custodia medía la estrechez de las calles, mientras de los balcones,
muchos de ellos engalanados para recibirle, llovían pétalos a modo de
ofrenda. Una banda militar de cornetas prestaba sus sones, mientras otra
de música lo hacía en el centro del cortejo, entre la Adoración
Nocturna y los seminaristas, sin que se supiera para quién eran sus
sones. El
camino era cada vez más hermoso hasta el centro de la ciudad. En Las
Tendillas aguardaba el misterio de la Sagrada Cena, dispuesto en el altar
que cada año se instala allí. Las imágenes explicaban con imágenes el
momento en que el Señor proclamaba su presencia en la Eucaristía, y
fueron testigos de cómo el obispo extraía de la Custodia el Santísimo y
pronunciaba con Él la bendición. «Hemos
salido a la calle para confesar públicamente nuestra fe en la verdad de
su presencia, para expresarle nuestra gratitud, para manifestarle la alegría
de tenerle corporalmente con nosotros, para decirle que queremos convivir
siempre con Él», dijo Juan José Asenjo refiriéndose al Señor. No
eludió el examen de conciencia al dirigirse a los fieles, y por ello
admitió que «son muchas las ocasiones en que le hemos olvidado,
demasiadas las horas en que están vacíos nuestros templos, tantas las
veces que quedan abandonados los Sagrarios, demasiadas las ocasiones en
que los cristianos despreciamos este alimento celestial o lo dejamos por
cualquier motivo irrelevante». Ante
ese Dios «que se reviste de nuestro cuerpo y se hace nuestro conciudadano»,
pidió el obispo por el respeto a la familia «fundada en el verdadero
matrimonio» y por que se libre a España «del azote del terrorismo».
También encomendó a Jesús Sacramentado la ciudad de Córdoba y sus
habitantes. Recordó
la necesidad de comprometerse con los más necesitados. «Contemplando en
la custodia el rostro eucarístico de Cristo, queremos descubrirle también
en el rostro sufriente y, en ocasiones deformado, de los hambrientos,
sedientos, desnudos y enfermos, y, muy especialmente en este año, de los
inmigrantes que llegan a nosotros buscando pan, trabajo y un futuro mejor
para sus hijos», insistió. Las
palabras que el obispo de Córdoba dirigió a las miles de personas que le
escuchaban fueron el momento más emocionante de una jornada en el que el
recuerdo a Juan Pablo II estuvo siempre en el ambiente. En la homilía de
la misa anterior a la procesión, Asenjo ya había destacado la
insistencia del fallecido Pontífice en consagrar este año a la Eucaristía,
«un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones», según
sus palabras. La misma multitud acompañó al Señor hasta que regresó, por las calles que fueron sagrario para Él, hasta la Catedral de Córdoba Luis
Miranda |
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DIARIO EL DÍA DE CÓRDOBA |
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inicio de la procesión. La Custodia sale por el Arco de las Bendiciones de la Catedral |
EL PRIVILEGIO VESPERTINO DEL CORPUS Las
calles del centro de la ciudad recuperaron ayer el olor del incienso que
dejó la Semana Santa, pero algo faltaba en el aire: el aroma que
desprende el romero, la juncia y el mastranzo que otros años decoran las
calzadas. La procesión del Corpus Christi congregó a miles de cordobeses
que siguieron con especial devoción el paso de la Custodia desde que salió
de la Catedral por la tarde, una característica única en el país
gracias a un privilegio papal que dispensa a la ciudad de soportar el
calor matutino. Con paso lento, pero firme,
la procesión discurrió por el corto recorrido de los últimos años. A
la estrechez de las calles de la Judería se sumó la belleza de los siete
altares que otras tantas hermandades de Penitencia y Gloria ubicaron en el
itinerario; en cada uno de ellos, había que parar. Por quinto año
consecutivo, la Hermandad de la Merced ubicó su altar en el Convento de
las Siervas de María y fue la primera parada de la Custodia. Tras su
paso, el tintineo de las campanillas ubicadas en la parte superior de la
obra de orfebrería anunciaban que la procesión reanuda su marcha. Próxima
parada, la Hermandad de la Sentencia, que participa en la celebración
desde hace dos años. Mientras los cordobeses esperaban la llegada de la
Custodia, Ángeles Sánchez destaca la tradición de esta procesión:
"Es la única de toda España que puede salir por la tarde",
apunta. A escasos metros, el altar
de la Hermandad de Santo Sepulcro, en la plaza de la Compañía.
"Nuestra participación significa la presencia viva en la
calle", considera su secretario, Francisco José Mellado, quien
destaca las innumerables piezas y relicarios del siglo XVIII que forman
parte de la estructura. Y por fin, el último altar antes de llegar a Las
Tendillas en la calle Duque de Hornachuelos. El cortejo, por fin, se
encuentra ante el altar instalado en la plaza y presidido por las imágenes
del misterio de la Sagrada Cena y por otras de los Santos Mártires. Lourdes Chaparro |