CORPUS CHRISTI 2.005

  El pasado día 13 de junio, tuvo lugar en Córdoba la celebración del Corpus Christi. Aquí recogemos la crónica de dicha celebración, así como el reportaje fotográfico que elaboramos sobre el mismo.

 

CELEBRACIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN CÓRDOBA

30/5/2.005   El pasado 29 de mayo, a las 18' 30 horas se celebró una santa Misa al término de la cual comenzó la Solemne  Procesión con la custodia de Arfe por las calles de nuestra capital. Cada Hermandad estuvo representada por su estandarte y tres varas.  Los estandartes de la Agrupación de Cofradías le precedían abriéndole paso en un camino alfombrado por de romero, juncia y maltranco. La procesión repetía de nuevo este año el recorrido llamado "itinerario Cirarda" por Deanes, Conde y Luque, plaza Agrupación de Cofradías, Blanco Belmonte, Angel de Saavedra, Santa Victoria y la Compañía para llegar a las Tendillas, donde estaba instalado el altar que este año,  ofrecía un aspecto muy distinto al de años anteriores, ya que, por primera vez, el grupo escultórico de la hermandad de la Sagrada Cena lo presidía con motivo de celebrarse en este 2005 el Año de la Eucaristía proclamado para la Iglesia Universal por el Papa Juan Pablo II y, en la diócesis de Córdoba, el XVII centenario del martirio de San Acisclo y Santa Victoria. La idea de instalar el grupo escultórico de la Sagrada Cena en el altar de Las Tendillas partió de la hermandad de la Sagrada Cena, que ofreció esta posibilidad a la comisión organizadora del Año de los Mártires, cuyo responsable, Manuel María Hinojosa, aceptó la propuesta. A lo largo del recorrido, habían instalado altares ocho cofradías continuando así el llamamiento hecho el año pasado por la Agrupación de Cofradías para mantener esta arraigada costumbre. La procesión fue acompañada por miles de cordobeses. Una vez en las Tendillas, tuvo lugar el acostumbrado acto eucarístico; el obispo de la diócesis, dirigió una breve alocución a los presentes. Finalmente Juan José Asenjo impartió a los presentes la bendición con el Santísimo, tras la cual se reorganizó la procesión eucarística, que regresó a la Mezquita--Catedral por las calles Jesús y María, Ángel de Saavedra, Blanco Belmonte, Plaza Agrupación de Cofradías, Conde y Luque, Deanes, Judería, Cardenal Herrero y Puerta del Perdón. El acompañamiento musical corrió a cargo de la Banda de Música del Stmo. Cristo del Confalón de la localidad sevillana de Écija. Aquí mostramos algunas imágenes tomadas por el Cofrade Félix Pelayo Orozco durante la procesión del Corpus.

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Imágenes tomadas por el cofrade Félix Pelayo Orozco durante la procesión del Corpus Christi

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LOS ALTARES DE LAS COFRADÍAS VOLVIERON A ESTAR PRESENTES EN ELCORPUS

30/5/2.005   Por segundo año consecutivo, la Agrupación de Hermandades y Cofradías volvía a solicitar a las Hermandades cordobesas su participación montando altares en el recorrido de S.D.M. Por decisión del Cabildo Catedral, el número de altares en el recorrido del Corpus Christi se limitaba a OCHO, igual cantidad y en la misma ubicación que el pasado año, teniendo preferencia las hermandades que entonces lo instalaron. Aquí mostramos algunas imágenes tomadas de algunos de estos altares.

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Imágenes de altares montados por las Cofradías cordobesas

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EL GRUPO ESCULTÓRICO DE LA HERMANDAD DE LA CENA PRESIDIÓ EL ALTAR DEL CORPUS

30/5/2.005      El grupo escultórico de la hermandad de la Sagrada Cena presidió este año el altar del Corpus Christi que con motivo de esta festividad se instaló en la plaza de Las Tendillas el domingo día 29. La novedad viene justificada por celebrarse en 2005 el Año de la Eucaristía proclamado para la Iglesia Universal por el Papa Juan Pablo II y, en la diócesis de Córdoba, el XVII centenario del martirio de San Acisclo y Santa Victoria. Esta ha sido la primera vez que dicho misterio, que conmemora la institución de la eucaristía, ha ocupado el lugar de honor en la instalación que se prepara en el corazón de la ciudad para que el obispo de la diócesis pronuncie su alocución e imparta a los fieles la bendición con el Santísimo Sacramento. La idea de instalar el grupo escultórico de la Sagrada Cena en el altar de Las Tendillas partió de la hermandad de la Sagrada Cena, que ofreció esta posibilidad a la comisión organizadora del Año de los Mártires, cuyo responsable, Manuel María Hinojosa, aceptó la propuesta. Aquí mostramos algunas imágenes del altar mayor presidido por el grupo escultórico de la Sagrada Cena.

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altarpcorpus0511.jpg (61877 bytes) Imágenes tomadas del altar de la Plaza de las Tendillas presidido por el grupo escultórico de la Sagrada Cena

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 EL CORPUS 2.005 EN LA PRENSA

 

DIARIO CÓRDOBA

La custodia llega a la plaza de Las Tendillas para el acto central de la procesión.
Foto: JUAN CARLOS MOLINA

MENSAJE EN LA PROCESION DEL CORPUS CHRISTI
El obispo pide respeto a la familia, "columna vertebral de la vida social"

El respeto a la familia "fundada en el verdadero matrimonio", la solidaridad con "los inmigrantes que llegan a nosotros buscando pan, trabajo y un futuro mejor" y el alejamiento definitivo del "azote del terrorismo" fueron las peticiones principales del mensaje pronunciado por el obispo de Córdoba en la plaza de Las Tendillas, dentro del acto central de la procesión del Corpus Christi que se celebró ayer en nuestra capital.

Inmediatamente después de la alocución, el prelado impartió la bendición a los asistentes antes de iniciarse el cortejo de regreso. El altar de las Tendillas estaba ocupado, por primera vez, por el grupo escultórico de la Sagrada Cena, cedido por la cofradía de Poniente.

SIN JUNCIA NI ROMERO La procesión de la Custodia alcanzó una solemnidad y acompañamiento considerablemente superiores a los de los últimos años, aunque faltaron componentes tan tradicionales como la juncia y el romero en el recorrido de la comitiva eucarística.

Tras la banda de cornetas y tambores de la hermandad de la Merced, abría el cortejo la cruz procesional de Arfe, a juego con la estética de la Custodia. Niños de primera comunión, hermandades de gloria, penitencia y sacramentales --la de la Sagrada Cena estaba representada por más de cien cofrades--, Adoración Nocturna, religiosas, seminaristas, clero diocesano y capitular, Agrupación de Cofradías y una reducida representación municipal precedían al paso, en el que rosas blancas simbolizaban la pureza sacramental. La banda ecijana del Cristo del Confalón interpretaba marchas procesionales eucarísticas, y al final del cortejo, soldados de la Brigada de Cerro Muriano escoltaban la Custodia.

Las cofradías de la Merced, la Sentencia, el Carmen de San Cayetano, el Amor, el Remedio de Animas, el Santo Sepulcro y la Misericordia habían instalado altares en el recorrido. Había rostros de satisfacción entre los asistentes, por la solemnidad de la procesión y el esplendor del acompañamiento. Pero para volver a ser lo que ha sido siempre --un "siempre" de casi cinco siglos--, al Corpus Christi de Córdoba sólo le faltaron ayer la juncia y el romero, cubrir el itinerario tradicional por la calle de la Feria --el de ayer se sigue llamando el "itinerario Cirarda"-- y volver a celebrarse en jueves, como en la inmensa mayoría de las ciudades de honda tradición eucarística: una hermosa tradición religiosa y popular en la que se celebra que "Dios, a Cuerpo, se echa a la calle", como decía la conocida canción en la voz de Carlos Cano.

Antonio Varo

 

 

DIARIO ABC

CORPUS ENTRE MULTITUD

Sonaron las campanas y, de repente, la ciudad mostró su raíz cristiana más honda y fecunda. Ya no había mezquita ni alminar, ya no había letras en árabe en las camisetas de recuerdos vulgares. Reencontrándose con la fe que da sentido, identidad y trascendencia a la ciudad desde 1236, los cordobeses se encaminaron hacia su Catedral, llamados por los sones que anunciaban la presencia de Cristo. Era el año de la Eucaristía y la Iglesia había pedido a los fieles que se volcaran. Los cristianos cordobeses no decepcionaron y brindaron una de las procesiones del Corpus Christi más multitudinarias que se recuerdan.

En el día en que Jesús Sacramentado abandona la intimidad del templo para manifestarse a la luz del día, las calles de Córdoba se hicieron un sagrario de belleza y devoción para recibir al Santísimo. Todo eran cuidados y detalles en los siete altares que otras tantas cofradías pusieron en el camino por dónde había de pasar el Señor.

Los altares

El relicario de los Mártires y el sagrario de plata de la Misericordia; la Inmaculada, el Niño Jesús y la suntuosa escenografía del Santo Sepulcro; la densa simbología de Ánimas; la mesa con aires de Monumento de Jueves Santo del Carmen en Santa Ana o la Divina Pastora instalada por la Sentencia en la calle Blanco Belmonte fueron las dignas ofrendas que las hermandades dispusieron al paso de la custodia.

Llegaba Su Divina Majestad tras un largo cortejo de fieles laicos, seminaristas, religiosas y sacerdotes. Se echó en falta la tradicional alfombra de romero y flores aromáticas que cada año se extiende al paso de la procesión Eucarística, pero todo estaba de sobra cuando aparecía la Custodia. Si las calles se tornaban en sagrario para acoger al Señor, éste se mostraba en esa suerte de torre de Catedral gótica que para Él cinceló Enrique de Arfe. A sus pies, magnolias y rosas blancas.

Una gran multitud le rodeaba en su camino, sin cesar de entoncar cánticos de carácter sacramental. Por la estrechez de Conde y Luque avanzaba el Santísimo. La custodia medía la estrechez de las calles, mientras de los balcones, muchos de ellos engalanados para recibirle, llovían pétalos a modo de ofrenda. Una banda militar de cornetas prestaba sus sones, mientras otra de música lo hacía en el centro del cortejo, entre la Adoración Nocturna y los seminaristas, sin que se supiera para quién eran sus sones.

El camino era cada vez más hermoso hasta el centro de la ciudad. En Las Tendillas aguardaba el misterio de la Sagrada Cena, dispuesto en el altar que cada año se instala allí. Las imágenes explicaban con imágenes el momento en que el Señor proclamaba su presencia en la Eucaristía, y fueron testigos de cómo el obispo extraía de la Custodia el Santísimo y pronunciaba con Él la bendición.

«Hemos salido a la calle para confesar públicamente nuestra fe en la verdad de su presencia, para expresarle nuestra gratitud, para manifestarle la alegría de tenerle corporalmente con nosotros, para decirle que queremos convivir siempre con Él», dijo Juan José Asenjo refiriéndose al Señor. No eludió el examen de conciencia al dirigirse a los fieles, y por ello admitió que «son muchas las ocasiones en que le hemos olvidado, demasiadas las horas en que están vacíos nuestros templos, tantas las veces que quedan abandonados los Sagrarios, demasiadas las ocasiones en que los cristianos despreciamos este alimento celestial o lo dejamos por cualquier motivo irrelevante».

Ante ese Dios «que se reviste de nuestro cuerpo y se hace nuestro conciudadano», pidió el obispo por el respeto a la familia «fundada en el verdadero matrimonio» y por que se libre a España «del azote del terrorismo». También encomendó a Jesús Sacramentado la ciudad de Córdoba y sus habitantes.

Recordó la necesidad de comprometerse con los más necesitados. «Contemplando en la custodia el rostro eucarístico de Cristo, queremos descubrirle también en el rostro sufriente y, en ocasiones deformado, de los hambrientos, sedientos, desnudos y enfermos, y, muy especialmente en este año, de los inmigrantes que llegan a nosotros buscando pan, trabajo y un futuro mejor para sus hijos», insistió.

Las palabras que el obispo de Córdoba dirigió a las miles de personas que le escuchaban fueron el momento más emocionante de una jornada en el que el recuerdo a Juan Pablo II estuvo siempre en el ambiente. En la homilía de la misa anterior a la procesión, Asenjo ya había destacado la insistencia del fallecido Pontífice en consagrar este año a la Eucaristía, «un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones», según sus palabras.

La misma multitud acompañó al Señor hasta que regresó, por las calles que fueron sagrario para Él, hasta la Catedral de Córdoba

Luis Miranda

 

DIARIO EL DÍA DE CÓRDOBA

inicio de la procesión. La Custodia sale por el Arco de las Bendiciones de la Catedral

EL PRIVILEGIO VESPERTINO DEL CORPUS

 Las calles del centro de la ciudad recuperaron ayer el olor del incienso que dejó la Semana Santa, pero algo faltaba en el aire: el aroma que desprende el romero, la juncia y el mastranzo que otros años decoran las calzadas. La procesión del Corpus Christi congregó a miles de cordobeses que siguieron con especial devoción el paso de la Custodia desde que salió de la Catedral por la tarde, una característica única en el país gracias a un privilegio papal que dispensa a la ciudad de soportar el calor matutino.

Con paso lento, pero firme, la procesión discurrió por el corto recorrido de los últimos años. A la estrechez de las calles de la Judería se sumó la belleza de los siete altares que otras tantas hermandades de Penitencia y Gloria ubicaron en el itinerario; en cada uno de ellos, había que parar. Por quinto año consecutivo, la Hermandad de la Merced ubicó su altar en el Convento de las Siervas de María y fue la primera parada de la Custodia. Tras su paso, el tintineo de las campanillas ubicadas en la parte superior de la obra de orfebrería anunciaban que la procesión reanuda su marcha. Próxima parada, la Hermandad de la Sentencia, que participa en la celebración desde hace dos años. Mientras los cordobeses esperaban la llegada de la Custodia, Ángeles Sánchez destaca la tradición de esta procesión: "Es la única de toda España que puede salir por la tarde", apunta.

La siguiente parada es el altar de la Archicofradía de la Virgen del Carmen y la Milagrosa del Niño Jesús de Praga, ubicado ante el convento de Santa Ana. Esta corporación religiosa, según explica su tesorera, María Luisa Jaén, participa en la procesión "desde hace ya cuatro años". La plaza de las Tendillas está cada vez más cerca, al igual que otra de estas estructuras efímeras instaladas en la calle Santa Victoria, la de las Mujeres de Acción Católica y la de la Hermandad del Cristo de Remedios de Ánimas, ante el monumental pórtico de la iglesia.

A escasos metros, el altar de la Hermandad de Santo Sepulcro, en la plaza de la Compañía. "Nuestra participación significa la presencia viva en la calle", considera su secretario, Francisco José Mellado, quien destaca las innumerables piezas y relicarios del siglo XVIII que forman parte de la estructura. Y por fin, el último altar antes de llegar a Las Tendillas en la calle Duque de Hornachuelos.

El cortejo, por fin, se encuentra ante el altar instalado en la plaza y presidido por las imágenes del misterio de la Sagrada Cena y por otras de los Santos Mártires.

En el año de la Eucaristía, el obispo, Juan José Asenjo, pidió "al Señor que bendiga a nuestra Patria para que sea siempre fiel a su herencia religiosa y a sus raíces cristianas" y también que "la familia fundada en el verdadero matrimonio sea respetada, protegida y reconocida como columna vertebral de la vida social". Tras estas palabras, el obispo bendijo a los centenares de fieles con el Santísimo

Lourdes Chaparro